Rompiendo el Hielo

24 04 2009

No han sido muchas las novias que he tenido. Con algunas he durado más que con otras, algunas las he querido más que otras, y me han pasado un millón de cosas de las cuales he aprendido mucho, de las cuales tengo buenos y malos recuerdos. Hace más de un año estoy sin novia, en parte por que he querido, en parte por que así se han dado las cosas. De mi ultima relación quedé un poco exhausto, fue una relación muy intensa, y todo esto en el buen sentido, es decir, de ambas partes dimos lo mejor de nosotros, compartimos muchísimo, y ahora pienso que un pequeño descanso intermedio no hubiera caído mal. El descanso se dio al final cuando las cosas se terminaron definitivamente.

Dentro de mis planes estaba dedicarme de completo a mi carrera, y así lo hice por un tiempo, pero finalmente he aprendido (después de muchos debates con mi mejor amigo en la Universidad) que no todo en la vida puede ser la academia y el trabajo. En este momento no quiero ponerme a escribir sobre que creo o no creo que es la vida, lo único es que comprendo ahora que hay cosas que no debemos negarnos, que no podemos atarlas.

Hace algunas semanas he conocido una chica. Ha sido una experiencia muy extraña e igualmente interesante, pero me han pasado un montón de cosas, algunas divertidas otras no tanto. Algo muy común en las relaciones amorosas es que en su mayoría (no siempre es así) se originan bajo ciertas características. Solo hace falta indagar en parejas de novios que se mantengan vigentes y activas, en la manera en como se conocieron, las respuestas son variadas pero siempre hay ciertos factores comunes: en el trabajo, en una fiesta, en la universidad, en el barrio, etc. Parece entonces, que se está condicionado a los lugares que más se frecuentan y es casi obvio, es en los lugares donde se pasa el tiempo en mayor medida. Pero casi siempre está dado por las “casualidades”, por eventos no planeados, se conocieron por que se encontraron en una fiesta, por que los presentó x amigo, por que era algún allegado a la familia, etc etc

Pero, ¿y qué pasa cuando la situación se da fuera de estas características? Entonces pongámoslo así: hay una persona que te gusta, no hay NINGÚN vínculo entre los dos, es decir, no comparten ningún espacio, no hay nadie que te la pueda presentar, no tiene idea de que existes. La cosa se comienza a complicar un poco. Algo así me sucedió, fue una situación extraña por que la vi y hubo algo que me gustó, cruzamos 4 o 5 palabras y nada más. Pasaban los días y comenzaba a fijarme en ella, ya entre ese mar de gente lograba identificarla, y un interés especial comenzó a despertar en mí. La vida es un festival de decisiones, en algunas se acierta en otras no, algunas tienen reversa otras no. Y era justo aquí donde yo debía tomar la primera decisión. Una era ignorar (olvidar) eso que había pasado y continuar mi vida normalmente. La otra intentar acercarme a ella, hacerme notar, romper el hielo y mirar que pasaba después. La segunda se veía más entretenida que la primera. Bien, decisión tomada, vamos a romper el hielo, ese camino no tiene retorno, he sido consciente de ello siempre. Primer inconveniente: si no hay nada que nos pueda unir de manera “casual”, no hay nadie que nos pueda presentar, entonces ¿cuál es la mejor manera de acercarse y lograr tener su atención? Hay muchas maneras, las dos contempladas inicialmente podían ser acercarme a ella de manera casual y un: “¿oye tienes horas?”, o “te me pareces mucho a alguien, pero no recuerdo bien, ¿nos hemos conocemos de alguna parte?” mmm, pero no sé. La primera es demasiado clásica aunque una amiga me decía “funciona”, la segunda muy reforzada, ese cuento no se lo cree ni quien lo dice.

Al final, y después de buscar por muchos días, “el mejor momento” finalmente se dio una oportunidad de acercarme y así lo hice. Fue una situación un poco extraña, cafetería de la Universidad, mucha gente, yo entro, con disimulo la busco y voilà… estaba a escasos cuatro pasos. Me acercó, ella tenía puesto un saco color verde que me gusta, tenía una Colombiana (gaseosa) en su mano izquierda y en la derecha un cigarrillo que intentaba encender. Esa conversación inicial es la más dura, es la que rompe el hielo y puede ser decisiva. Me acerqué la saludé, le invité un café sin notar que ya tenía una bebida, ahora que lo recuerdo me resulta chistoso, que despiste que tuve. Al final yo compré el café para mí, y hablamos alrededor de unos 20 minutos por que ambos teníamos clase. La conversación típica, el ¿cómo estás?, ¿qué estudias?, bla bla bla… Fuimos caminando y hablando hasta el salón donde ella tenía clase, yo tenía clase en el mismo bloque pero un piso más arriba, nos despedimos y así terminaba esa primera etapa de romper el hielo. Luego viene la evaluación. Esa noche me costó muchísimo conciliar el sueño, a pesar de haber sido ser una conversación corta lo que se dice y lo que se escucha es importante, o al menos para mí lo es. En ese tipo de situaciones (esta no es la primera que vivo) ese tipo de cosas son muy importantes, por que dan una primera impresión. Un ejemplo es una conversación típica con una niña, físicamente es muy linda, pero… siempre hay un pero, le pregunto a ella:

- Y, ¿Qué te gusta hacer?
- Rumbear ¡¡¡
- ¿Qué tipo de rumba?
- Lo que caiga.
- Ah bien, pero hoy es sábado…
- Si es que ayer rumbeé, y antes de ayer también…

mmmmmmmmmmmm… no sé. Es obvio, a quien no le gusta la rumba, pero una mujer que solo piense en rumba no es precisamente el tipo de mujer que a mi me interese. Siempre he sospechado que eso del amor es una especie de lotería, y con el tiempo voy paso a paso confirmando mis sospechas. Sin embargo, para ganar la lotería el primer paso es comprarla.

Finalmente esa noche hice una primera evaluación de esa primera etapa de romper el hielo, y concluí que estuvo bien, al menos se dio una conversación de varios minutos, de hecho, al menos se dio. En ese momento, nos despedimos y ya, algunos minutos después de ello pensé en que pude haberle hecho una invitación a cualquier cosa y así haber enlazado una segunda conversación, un segundo encuentro. Pero no fue así, y quedaba casi que en la misma situación de antes, a la expectativa, y a buscar un segundo “mejor momento” para acércame de nuevo…

Esto me ha dado para pensar muchas cosas y hacerme muchas preguntas: ¿Cuál es la mejor manera para romper el hielo?, en caso de haberle hecho una invitación al final de la conversación, ¿Qué tan positivo podría resultar ello? ¿Se debe pedir el número de teléfono en la primera conversación? ¿Cómo saber si se tuvo éxito en esa primera etapa de romper el hielo? ¿Cuánto tiempo se debe dejar pasar antes de volver a buscarle?





Una noche agitada…

12 04 2009

Salía de la casa de mi novia y solo me bastó caminar dos cuadras para sentir algo extraño. Una sensación de una Bogotá fría, y una soledad estupefacta en sus calles del norte. Era miércoles santo, sin embargo, tenía el ambiente de un viernes; de ese tipo de ambiente que se genera cuando hay un festivo entre semana distinto al lunes. Llegué a la estación del transmilenio y después de esperar unos diez minutos (que no se hicieron tan largos por que hablaba con mi novia por el teléfono móvil) llegó el bus que me llevaba a mi destino: bus “G5” con destino a la estación “Comuneros”. Era el penúltimo bus de la noche, y que sea “G5” significa que hace parada en cada estación que se encuentre en su camino rumbo al portal del sur; unas 19 paradas hasta la estación a donde me dirigía.

El bus no iba lleno, pero no iba tan vacío como de costumbre. Mis 4 puestos favoritos ya estaban ocupados, así que escogí un puesto arbitrariamente contra la ventana, entre la mitad y el final del bus. Un par de estaciones después, se subieron dos señores, de aproximadamente 45 años, muy borrachos. Uno tenía marcas en el rostro de una fuerte golpiza. Comencé a pensar en ese momento que posiblemente una noche de tragos, como la de esa noche, había terminado mal para él. Estaban tan borrachos que les costaba mucho trabajo mantenerse de pie bien agarrados, por que para el momento en que se subieron ya no habían sillas disponibles. Hablaron un poco y luego se fueron para la parte delantera del bus contra la primera puerta. Unas estaciones más adelante se subieron muchas personas y el bus ya se veía lleno. Normalmente me gusta leer en el camino, pero esta vez el libro que me estoy leyendo se me quedó en la casa de mi novia, entonces me puse a escuchar música al máximo volumen posible.

Dos estaciones antes de llegar el sonido de un cristal rompiéndose interrumpió mi canto. Inmediatamente pude ver como la atención de todas las personas a mi alrededor se concentraba en la parte delantera del bus. Me quité los audífonos y escuché una señora decir que había una pela en la parte delantera del bus, que habían roto un vidrio. Una señora que llegó unos segundos después decía que le habían dado un “botellazo” a alguien. Tristemente, para mi curiosidad, debía bajarme en ese momento. Debido a la suplica de una de las señoras asustadas en el transmilenio, me acerqué al señor que vende los pasajes en la estación “Comuneros” y le conté lo sucedido con la esperanza de que él reportara por su radio y hubiera una acción de seguridad. Sin embargo, al contarle me hizo cara de “me importa 5”, no hay nada que hacer. Preocupado por la seguridad en transmilenio y algo confundido caminé a la esquina de la carrera 30 (NQS) con calle 3 para esperar el bus que me llevara a mi casa. Unos minutos más tarde lo tomé.

Antes de llegar a la carrera 50 se subieron unas 5 personas. La ultima en subir era un hombre de unos 30 de no muy buen aspecto. Se subió sin pagar y enseguida salieron de su boca las primeras palabras de un discurso deteriorado para pedir dinero. El bus se detuvo enseguida y fue bajado con violencia verbal. Una noche movida, pensé. Pero lo mejor estaba por suceder.

El bus anduvo unos 3 minutos cuando se subió una señora de unos 50 años, de unos 1,60 m de estatura aproximada, y bastante bullosa. Pregunta desesperadamente si el bus pasaba por el hospital de Kennedy; ante la afirmación de algunos pasajeros ella se subió y el bus continúo su camino. Se sentó cerca a mí, pero en una fila más adelante y en el lado opuesto del bus, de donde yo venía sentado. Preguntó por tercera vez a un muchacho de unos 27 años, que iba sentado un puesto detrás de ella, si esa buseta pasaba por el hospital. Al decirle él que si, fue la mejor oportunidad para empezar una charla entre los dos que escucharía incómodamente el resto de los pasajeros debido al tono de voz de ella. Se escuchaba algo como “Ayyyy papi, gente como usted es la que necesita este país. “ Unos minutos después: “Maravilloooooso papiiii… […] yo soy diseñadora de la Tadeo y tengo una tipografía y le trabajo a los decameron, Corazón”. Cuando ya casi me tenía que bajar la conversación iba en “Te amo papi, eres lo máximo”.

Inicialmente, pensé que estaba drogada. Unos segundos después pensé que estaba borracha. Finalmente, después de ella repetir tanto que iba para “Susalud” (entidad prestadora de servicios de salud), sospeché que podría tener alguna especie de trastorno mental. Al tratar de recordar algo en su historia y no poder hacerlo, ella confesó que había bebido algunas cervezas.

Se me hizo eterno el camino, pero finalmente había llegado a mi destino. Caminaba hacia mi casa, y cuando estaba a 50 metros de llegar a la entrada del conjunto donde vivo, vi en el interior de un carro un movimiento sospecho. La luz interna del carro estaba encendida pero yo estaba un poco retirado para poder ver bien que sucedía. Pensé que se trataba de dos niños jugando, pero cuando estaba muy cerca pude darme cuanta que era una pareja joven peleando. Estaban en un forcejeo, ella tratando de bajarse del automóvil, él tratando de evitarlo con violencia. Justo cuando estaba frente al carro la pude ver llorando y tomándose la boca con su mano izquierda como si él le acabara de golpear allí. Fue una situación difícil, siempre he creído que es mejor no meterse en peleas de pareja, pero mi conciencia no me dejaría tranquilo si permitiera que un infeliz golpee una mujer. Tan pronto como me alejé lo suficiente para que no me vieran, corrí hasta el “CAI” (Centro de atención inmediata) de policía que está a unas dos cuadras de donde sucedía todo. Afuera había un policía solitario a quien saludé y le conté lo que sucedía. Yo tenía la adrenalina alborotada, quería una “atención inmediata”, pero el policía fue demasiado pasivo. Me dio las gracias y se quedó allí inmóvil. Muy frustrado me devolví hacia mi casa, pero me quedé en la entrada de mi edificio esperando si el policía vendría y si en caso de que no viniera que más pudiera hacer. Un par de minutos después, pude ver que el policía se acercaba despacio, caminaba por medio de unos arboles. De pronto la puerta del carro se abre y se escucha la voz de ella ahogada en llanto diciéndole que si no la deja ir comienza a gritar y a llamar a la policía. Tres segundos después ella salé rápidamente del carro y comienza a correr hacia el CAI. Corre unos 10 metros cuando él se baja rápidamente y comienza a correr tras ella. En 2 segundos la alcanzó, la toma por la fuerza, ella lloraba, y cuando parece que va a tener otra reacción violenta se escucha la voz del policía que le recrimina. No sé que pasa, o yo he visto muchas películas o la policía no sirve para mucho. Ella le cuenta lo que sucede al policía. Le dice que ella es menor de edad, que él la esta golpeando, que él está borracho, y todo lo que hizo el policía fue decirle a ella que se fuera, y decirle a él que se quedara ahí hasta que ella estuviera lejos. Cuando ella se había alejado dos cuadras, el agresor se subió al carro y se fue por el mismo camino que había tomado ella, y el policía solo miraba. Personalmente espero que ella hubiera tomado las precauciones necesarias.

Una noche de miércoles santo muy extraña. Quedo muy decepcionado del sistema de seguridad, algo que no es nuevo para nadie que viva aquí, pero que es triste cuando se ve de una manera tan cercana. Me preocupa creer que en transmilenio en altas horas de la noche puede pasar cualquier cosa (inclusive en el interior de un bus) y no hay nada que se pueda hacer por que ya no hay policía. Sin embargo, mi papá me recordó el caso de un joven que asesinaron en una estación a una hora en donde hay policía y sin embargo no paso gran cosa en ese momento. Que triste saber que aún existen hombres que golpean mujeres, que triste que lo hagan en semana santa, y que triste que la policía no haga nada.

Se que ya vendrán más noches agitadas… así funciona el mundo.








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